Frida Kahlo
México

My dress hangs there (Mi vestido cuelga ahí)

1933
Óleo y collage sobre masonite
45.5 x 50.5 cm
Colección FEMSA

 

Frida Kahlo nació y murió en la casa que mandó a edificar su padre Guillermo Kahlo en la esquina de Londres y Allende, en Coyoacán, en terrenos que habían sido parte de la Hacienda de El Carmen. En relación con sus progenitores, Frida revelaba: “Yo me parezco físicamente a los dos. Tengo los ojos de mi padre (alemán nacido en Pforzheim en 1871 y llegado a México en 1891) y el cuerpo de mi madre (la mestiza Matilde Calderón, nacida en 1876).” Muchas fueron las afinidades temperamentales entre Frida y su padre. Fue él, quien padecía epilepsia, el que le inculcó (tras el terrible accidente de tránsito sufrido por ella el 17 de septiembre de 1925, y sus secuelas sin fin) la capacidad de sobreponerse al dolor físico, adhiriéndose a la vida no con lamentaciones sino con hechos y productos. Así lo confirmó Frida cuando dijo: “La pintura me completó la vida. Perdí tres hijos y otra serie de cosas que hubieran llenado mi vida horrible. Todo esto lo sustituyó la pintura. Yo creo que el trabajo es lo mejor”.

Cuando en 1928 Frida se acercó a la Secretaría de Educación Pública para mostrarle a Diego Rivera los cuadros que había realizado desde 1926 y preguntarle si creía que podría vivir de la pintura, se inició, pese a los veinte años de diferencia entre ambos, una relación que culminaría en boda, el 22 de agosto de 1929. Desde 1930 radicaron en los Estados Unidos (San Francisco, Detroit, Nueva York), debido a los compromisos de Rivera como muralista. Pese a ayudarle a Diego en la correspondencia, las cuentas, y aún en las labores referidas a la pintura, Frida se dio tiempo para realizar su propia obra, la cual comenzó a vender poco a poco. Aunque extrañaba México, reconocía: “de todas maneras me sirvió venir pues se me abrieron los ojos”. En libros y revistas que leía con avidez, así como en museos y colecciones privadas, pudo familiarizarse con las tendencias que entonces se abrían paso en Europa y Estados Unidos. Con desarrollada sensibilidad se acercó a las derivaciones del futurismo y el surrealismo. Entre los hábitos que cambiaron después del matrimonio hay que incluir su manera de vestir. Rivera admiraba el señorío de las tehuanas y puede suponerse que influyó en Frida para que adaptara prendas mestizas e indígenas. Difícil resultó desde entonces imaginar a Frida sin sus vestidos mexicanos. El de tehuana supo lucirlo con la más soberana elegancia. En carta a una amiga de noviembre de 1933 admitió; “Ya me acostumbré a este vestido del año del caldo, y hasta algunas gringachas me imitan y quieren vestirse de ‘mexicanas’.”

Fue en 1933, mientras Rivera pintaba El hombre en el cruce de caminos, en el edificio rca de Radio City, cuando Frida quiso responder a su manera a la áspera polémica sostenida con Nelson Rockefeller sobre la figura de Lenin en el mural de Rivera. En una superficie de sólo 45.7 x 50.2 cm, Frida acumuló elementos muy diversos. El uso del collage con recortes de periódicos enriqueció su rotunda opinión sobre Nueva York y su análisis hipercrítico de la religión, la industria, la banca, el gobierno y todas las maniobras del gran capital ante los hambreados y desocupados abatidos por la crisis. Al centro de la composición, de una cinta que va de una columna que sostiene un excusado a otro con un trofeo de tenis, colgó su vestido de tehuana. Un gran basurero contiene elementos orgánicos, incluidos restos humanos, para significar la violencia criminal en la gran urbe. Un cartel monumental muestra el retrato de Mae West, entonces popularísima por sus interpretaciones cinematográficas provocativamente sexualizadas, y que a Frida, entusiasta cinéfila, le encantaban, como lo prueba la carta que el 29 de octubre de 1933 le envió al escultor inglés Clifford Wight, ayudante de Rivera en San Francisco y en Detroit, recomendándole que no se perdiera I am no angel, protagonizada “maravillosamente” por Mae West, con quien trabó amistad y a quien leyó con gusto su desenfadada poesía. Al reverso de Mi vestido… escribió: “Pinté esto en N. York cuando Diego estaba pintando el mural del Rockefeller Center”.

–Raquel Tibol

Análisis de la obra 1:

Frida Kahlo, una de las pintoras mexicanas más reconocidas a nivel mundial, creo una obra en que denotaba el orgullo de su mexicanidad y su tradición cultura. En sus pinturas se enfrentó a la reinante penetración de las costumbres estadounidenses; todo ello a través de su pasión, su sensualidad y su peculiar sentido del humor. Sus estudios comenzaron en 1922, cuando entró en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, la cual empezaba a admitir mujeres por primera vez. Más tarde, en 1925 aprendió la técnica del grabado con Fernando Fernández Domínguez. Sin embargo, el aburrimiento que le provocaba su postración (causada por diversas enfermedades y lesiones) la llevó a empezar a pintar. Y en 1926, todavía en su convalecencia, pintó su primer autorretrato, el primero de una larga serie. Su gran fuerza y energía le permitieron una importante recuperación y se introdujo en los ambientes artísticos de México donde conoció a Tina Modotti y Diego Rivera, con quien contrajo matrimonio en 1929. Kahlo se relacionó con personajes importantes de la época como Bretón, Trotsky, Sequeiros, Noguchi, entre muchos otros. Mantuvo su postura personal e ideológica. En 1939 se le incluyó en la exposición “Mexique” organizada por Bretón en París. En 1940 participó en la Exposición Internacional del Surrealismo en la Ciudad de México. Ese mismo año su obra se incluyó en la Exposición Veinte Siglos de Arte mexicano en el MOMA de Nueva Cork. En 1946 se le otorgó el Premio Nacional de las Artes. Frida Kahlo creó una pintura absolutamente personal y profundamente metafórica, derivada de su exaltada sensibilidad y de varios acontecimientos que marcaron su vida: como el accidente del tren y el aborto, que influyeron en la formación del complejo mundo psicológico que se refleja en sus obras. Sus pinturas, principalmente autorretratos y naturalezas muertas, son deliberadamente ingenuas y llenas de colores y formas inspiradas en arte folklórico mexicano. “Mi vestido cuelga aquí” la inició estando en Nueva York mientras Rivera pintaba el mural para el Centro Rockefeller. Esta obra muestra la incomodidad que aquella sociedad le provocaba; era una visión personal de Nueva Cork en la época de la depresión. Como la mayoría de sus obras, ésta es igualmente autorreferencial.
-OSVALDO SÁNCHEZ